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Leche de burra era la receta para los enfermos de tisis, informó el doctor Hipólito Unanue en 1806

Por Ítalo Sifuentes Alemán

“En las enfermedades febriles, en que no es a propósito el uso de las carnes, como acontece en diversos géneros de tisis y consunciones, usamos con mucha utilidad las leches. La de burra es más dulce y delgada que la de vacas, cabras, etc., y así es menos nutritiva, pero más refrigerante y digestiva. En segundo lugar, se coloca la de yegua; en tercero, la de cabras por algunos, y por otros las de vaca, disputándose cuál de las últimas es más grasa; en cuya diferencia podrá bien influir la diversidad de pastos. La de ovejas se reputa por la más grasa, más cargada de queso y, por consiguiente, más indigesta para el estómago e impropia para el uso médico.

A consecuencia de estos principios, se da entre nosotros la leche de burra a los que están más débiles y postrados, y se observa al tomarla: 1) Que esté recién sacada de la burra y que sea conducida en vaso tapado a la cama del enfermo, 2) Se empieza por la cantidad de tres o cuatro onzas, para observar cómo la soporta el enfermo, e ir aumentándola sino le ha dañado, 3) Como el principal daño que suele hacer la leche de burra es precipitar el vientre, lo que si no se modera acabaría de postrar al enfermo debilitado… Si la leche de burra se suministra mezclada con el tercio o mitad de una infusión de cascarilla (quina) adquiere una virtud restaurante, que hace efectos prodigiosos en los extenuados y tísicos”.

Foto de Jujuy, localidad andina de Argentina donde mantienen la costumbre de beber leche de burra.

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