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La nostalgia encuerada: breve memoria de mi presidencia

Todos somos amigos afuera del rectángulo; dentro, los lazos amicales atraviesan una tensa prueba de 90 minutos, a veces más, cuando toca ir a la definición por penales.

Hoy 15 de agosto de 2026, fecha de un nuevo aniversario, varios fundadores de Balón & Pluma siguen jugando, algunos tienen más de 70 años de edad. Con la incorporación de nuevas generaciones de peloteros, el club tiene para varias décadas más.

Por Ítalo Sifuentes Alemán

Unos más, otros menos, los integrantes del club Balón & Pluma, en sus primeros 25 años de existencia, en promedio hemos jugado 2,400 fechas de fútbol, contando solo los días de encuentros peloteros consuetudinarios, es decir los miércoles y los sábados, y no los demás días de la semana que, hechizados por el esférico encuerado, nos reuníamos en una nueva pichanga para nuevamente insistir en conjurarlo. Las tablas con los resultados semanales están ahí para brindar su mudo, pero inapelable aritmético testimonio. Al 2026, el número de partidos jugados supera los tres mil.

Me tocó ser el primer presidente de este gran club, un honor que la historia me reservó sin que yo pudiera presagiarlo, por ello reitero mi agradecimiento y cariño a quienes decidieron darme ese encargo, el mismo que volví a recibir años después, convirtiéndome en presidente reelecto precisamente cuando Balón & Pluma cumplió y celebró sus 20 años de ininterrumpida actividad. En cada oportunidad traté de hacer la mejor gestión posible junto a otros jugadores que me acompañaron en el cuadro directivo. Empezamos dando una cuota de 5 soles por fecha, y luego fue de 20 soles. El paso de los años, la economía, la pandemia, hizo que todo cambie, pero nunca se perdió la ilusión de contar con una cancha propia, un anhelo que cada 15 de agosto también cumple aniversario. Serán las futuras generaciones, los jóvenes integrantes del club, quienes tal vez logren ese objetivo. No faltarán los fundadores de Balón & Pluma que serán testigos de ese logro.

En el “Casillero Fútbol” que existe en nuestra memoria están bien guardados todos esos y otros recuerdos, las imágenes de los amigos que aún vemos, a los que extrañamos tras adelantarse en partir a la eternidad, a los que se perdieron porque llevaron el antagonismo deportivo fuera de la cancha. En sus primeros 25 años de existencia Balón & Pluma tuvo varias camisetas de diversos diseños y colores y, casi como todos los integrantes, yo también tengo mis preferidas.

De hecho, hay que decirlo, no fue uno de los queridos miércoles o sábados sino un frío día martes en que, por vez primera, se jugó en Balón & Pluma. Fue el martes 15 agosto de 1995, fecha de nacimiento de este club concebido por peloteros y personas vinculadas al periodismo, en aquellos años en que hacíamos nuestro trabajo en olor de multitud ciudadana, y en olor de la tinta de nuestros impresos, la época en que aún guardábamos nuestros archivos periodísticos en disquetes y, años después, almacenados en las nubes que, por cierto, seguimos esperando pertenezcan al estado peruano.

Ja. A veces a las nubes se me iba el balón por malpatearlo, desde mi posición de defensa en la cancha, llevando mi clásica casaquilla número 6. Se me iba por, a conciencia, aplicar el manual del antifútbol, para que, sacando lateral, se genere una nueva oportunidad de empezar el juego. Era el último salvavidas, el antídoto contra la hinchazón de hígado que suelen dejar las derrotas deportivas. Felizmente, también éramos lecheros y, contra pronóstico, varias veces conocimos el triunfo. Obviamente, las victorias justas, fueron las más. Todos somos amigos afuera del rectángulo; dentro, los lazos amicales atraviesan una tensa prueba de 90 minutos, a veces más, cuando toca ir a la definición por penales.

Uno quiere tanto a su equipo, que en la cancha el esfuerzo físico y mental no solo termina siendo por ti, sino también por tus compañeros, para que no todos regresemos derrotados a casa. Esa es la máxima convicción en un juego tan competitivo como el fútbol. Como en la vida, en el balompié unas son de cal y otras de arena, y en algunos tiros penal felizmente casi fui infalible, ayudado por la potencia del disparo y un chispazo de técnica; a veces, ayudado por el descolocado arquero rival.

Aburre cualquier hegemonía en el fútbol, por eso cada vez que pueden los equipos se retan, antagonizan, exponiéndose a morder el polvo del fracaso o a masticar el chicle del triunfo que siempre tiene fecha de vencimiento, porque a toda azúcar siempre se le acaba el dulce de tanto ajetrearlo. No hay pasto artificial que dure cien años.

Si vamos al VAR imaginario veremos que, al final, todos salimos ganando, incluso cuando -queriendo también ganar en institucionalización Balón & Pluma-, dimos el paso de contratar un árbitro externo, ello porque a uno de nosotros, los jugadores, le tocaba el turno de arbitrar a veces se le salía su corazoncito y, de ¡pura injusticia!, pitaba al revés o sacaba rojas y amarillas a diestra y siniestra, dejando evidenciar su parcialidad.

La falta de entrenamiento en el ejercicio de la neutralidad lo vivimos en su máxima expresión el día en que armamos y jugamos un clásico en el colegio La Salle, y nos enfrentamos unos vistiendo la piel de Universitario y otros la de Alianza Lima. Estaba claro que esa vez no solo había que dejar los pulmones en la cancha por nuestro honor deportivo, sino también por el equipo de nuestros amores, el de la niñez, ese con el que te bautizas en tus primeras pichangas infantiles, antes de iniciar tu etapa colegial. Me hice hincha de Universitario antes de ingresar a estudiar la primaria.

Jugado dicho clásico en el césped del colegio La Salle, ubicado en nuestra Arica, la avenida de Breña, el distrito limeño, los modales jugaron su partido aparte. Recuerdo que ese día, a veces, botaba el aire mirando al cielo en dirección al barrio crema de Odriozola, localizado a varias cuadras y, con ello, me recargaba de oxígeno para tomar impulso y ganar a mis amigos que vestían la de Alianza Lima. Ese día, y las más de 2 mil fechas jugadas de 1995 al 2020, fueron de compañerismo puro. Ese día quedó grabado en video y en fotografías, las cuales no han perdido color tras el paso de dos décadas y media.

Otras décadas de fútbol seguro vendrán, es decir más de 2,000 fechas de juego y, claro, para cuando sea el año 2045 quién sabe, las Bodas de Oro, algunos todavía estarán en cancha, otros ya en la tribuna. Tocará reunirse por Zoom, Skype, Whatsapp y tantas otras vías virtuales gracias a la tecnología. Algún día la normalidad no será la cristalina pantalla del celular o de la laptop, volverá a ser el verde césped, la polvorienta canchita, o la dura pista, espacios en los que durante los primeros años de nuestra niñez aprendimos a practicar la lealtad, el compañerismo, la solidaridad, los reglamentos, el respeto a la autoridad, el trabajo en equipo para alcanzar un objetivo común. Esa normalidad que solo la madre era capaz de alterar cuando, al caer la noche, te buscaba para decirte que pares de jugar, que ya pases a la casa, que esperes el fin se semana para volver a darle a la pelota, que el fútbol no se iba a acabar. Cierto, no se acabó ni se volverá a acabar.

¿Hay estadísticas de victorias y derrotas tras los primeros 25 años de cientos de partidos jugados? ¿De los goleadores? ¿De los arqueros más y menos batidos? Balón & Pluma las tiene y están ahí relucientes, incluso las del 2026. Están tan relucientes como los recuerdos que se agolpan no solo en este 25 aniversario. Recuerdos siempre nítidos pese a que varios años que no juego por culpa de una rodilla temerosa a recaer en la vejez.

Hoy 15 de agosto de 2026, fecha de un nuevo aniversario, varios fundadores de Balón & Pluma siguen jugando, algunos tienen más de 70 años de edad. Con la incorporación de nuevas generaciones de peloteros, el club tiene para varias décadas más.

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