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Estudio de la psique y el ingenio peruano: apuntes del médico Hipólito Unanue en el virreinato

Por Ítalo Sifuentes Alemán

El peruano Hipólito Unanue fue el médico honorario del rey de España. Nació en Arica en 1755 y falleció en Cañete en 1833. Fundador del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando en 1815, se convirtió en prócer de la independencia nacional, ocupando diversos cargos de gobierno durante los albores republicanos. Este protomédico, que nació a mediados del siglo XVIII, dejó en su obra diversos aportes científicos relacionados a la descripción de la personalidad de los peruanos, el talento para la creatividad de los niños, jóvenes y ancianos, así como menciones a enfermedades como la histeria. Sus textos se encuentran en “Observaciones sobre el clima de Lima y su influencia en los seres organizados, en especial el hombre”, obra impresa en 1806 en la capital peruana, reimpresa en 1815 en Madrid, y nuevamente impresa en Lima en 1874. Casi toda su producción literaria de la época del virreinato, incluida su libro de 1806, se volvió a imprimir en 1914 en España.

A continuación, se reproducen los textos en los que describe a cierto tipo de peruanos del pasado. Se encuentran en el capítulo “Influencias sobre el ingenio”:

  1. “He observado que la juventud peruana es más elocuente y fecunda en primavera que en invierno, y las obras de nuestros artistas, aunque atrasados, suelen adquirir tal aire de animación, que parece que Prometeo ha robado la luz del sol para animar las sombras y el barro, por medio del pincel y el buril.
  2. Hay en Cuzco una multitud de artistas capaces de competir con los más provectos de Europa, y también de superarlos si tuvieran la instrucción que éstos reciben. Aquí, en Lima, en el Colegio del Príncipe, suelen verse muchachos indios aprendiendo a leer, que, con un lápiz, copian las estampas de Klauver, tan perfectamente, que es difícil descubrir un rasgo de diferencia. Me persuado que la imaginación, este precioso don de la naturaleza, difundido en América, brilla en especial en los lugares circunvecinos al Ecuador.
  3. Pocos legisladores ha habido, dice un escritor, que pudiesen, como Manco Cápac, percibir las inclinaciones de sus vasallos, compararlas con sus necesidades y convertirlas en su propio provecho, por constituciones llenas de sagacidad y benevolencia. La percepción que tenemos de los objetos proviene de la exactitud con que los órganos externos transmiten a nuestra alma sus imágenes. Estas imágenes no son, como vulgarmente opinan los lógicos, pinturas hechas en los órganos exteriores; son modificaciones de los extremos de los nervios, que expresan al alma los objetos que los afectan; son unas contracciones activas que, variando la figura y posición respectivas de las fibras nerviosas, sirven de lenguaje entre los entes materiales y el ser inmaterial del hombre. Pudiendo estas variaciones suceder y combinarse de mil maneras, como las letras del alfabeto, pueden hacer también otras tantas representaciones, y que se repitan de continuo para formar la memoria, por la asociación y encadenamiento de unas con otras.

Hipólito Unanue y un caso de histeria:

  1. “Propiedad de los nervios débiles ser movibles y afectarse con el menor grado de excitamiento de un modo convulsivo, fuerte y tenaz. Las histéricas dan pruebas repetidas de esta verdad, y mi esposa (1), que ha padecido casi todos los síntomas de esta rara enfermedad, me ha ofrecido más observaciones que los libros que tratan de ella. En su estado de sanidad, lo mismo que cualquiera otra persona, no percibe luz en medio de las tinieblas de la noche: pero cuando ha llegado a debilitarse, poniéndose muy sensibles sus nervios, ha visto con claridad, a media noche, y descubierto todos los trastos de la pieza en que dormíamos. Esto no es sino porque la impresión resultante de la débil luz, mezclada con las tinieblas, ha sido capaz, en este estado de movilidad convulsiva, de excitar los nervios a adquirir una posición, que en otra circunstancia necesitaba de una luz fuerte.
  2. Como el temperamento de Lima produzca un sistema nervioso débil, se sigue que con facilidad se excite a la presencia de los objetos para representarlos, y que conserve con tenacidad estas representaciones por todos los coloridos del más fuerte al más opaco y sus mezclas. El espíritu de animación o vitalidad, que si no es el fuego se aviva con él, debe, en estas regiones calurosas, pasar con fuerza e iluminadas al alma las palabras con que le habla el sentido. Este vigor de expresión hace que el alma atienda, aun cuando está distraída. Con la fuerza y novedad de las representaciones se fija sobre ellas, las ve por todos lados, y entonces nacen nuevas relaciones, que la hacen descubrir y comparar otros y otros objetos que se presentan por asociación; los coteja, y entre sus simpatías y contrastes, se va penetrando de su objeto, dándole nueva luz y color distinto del que anima al original; pero que compite con el mismo al volverle al mundo por la palabra o el pincel.
  3. Nace de esta fuente el adelantarse en nuestros niños el talento a la edad, porque la fuerza de las impresiones los hace atender y percibir con claridad en años, en que, según las leyes comunes, debe faltar la atención, madre de las ciencias. Asombrados algunos escritores ultramarinos de esta prodigiosa anticipación de nuestros talentos, han creído se anochecían también temprano. Pero esta es una consolatoria, dice un autor inglés (2), para moderar el sentimiento de la desventaja. En efecto, conforme a las influencias de nuestro clima, los nervios deben mantenerse flexibles y animados hasta la vejez; la cual debe larga bajo un temperamento en que es preciso tarden mucho para encallecerse los vasos. De aquí es que aquéllos que no se malogran por sus excesos en la juventud viven tanto, que Lima es nombrada el país de los viejos; y sus escritores y sabios, los más célebres, tienen en la ancianidad tanta actividad y fuego en su cerebro, como en el ardor de la juventud.
  4. Doña Manuela de la Cuba y Rocha. natural de la ciudad de Arequipa… ¡Cara esposa, ya no existes!
  5. Register Annuel, 1793. Biografical anecdotes, pág. 65.

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