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En 1787 ascendieron al Misti: vieron el mar, el nevado Illimani y la cruz de fierro colocada en 1784

El 13 de mayo de 1784 el volcán Misti tuvo una nueva y gran actividad. El 22 de julio de ese año, el obispo de la diócesis de Arequipa, fray Miguel Pamplona, hizo colocar una cruz de fierro en la cima, ahí a casi 5,820 m. s. n. m. El 3 de diciembre de 1787, desde la ciudad de Arequipa, partió una comisión exploradora que ascendió a investigar qué pasaba en el volcán. Este es el informe presentado por Antonio Álvarez y Jiménez, entonces gobernador intendente de Arequipa. Desde la cima, lograron ver el Ilimani, ubicado cerca de la ciudad de la Paz, y el mar en la lejana costa peruana. Dejaron una ilustración con detalles del ascenso y abundante información científica. Acá la compartimos

Investigación Ítalo Sifuentes Alemán

El 10 de noviembre de 1785, el español Antonio Álvarez y Jiménez empezó a ejercer su cargo de gobernador intendente de la provincia de Arequipa. Debido a la gran actividad mostrada por el Misti en años anteriores (la más reciente había sido el 13 de mayo de 1784) ordenó que una comisión de exploradores suba a inspeccionar el volcán, el cual se encuentra a 5,820 m. s. n. m. Integraron la delegación, que partió desde la ciudad de Arequipa el 3 de diciembre de 1787, el matemático don Francisco Vélez, secretario de esta Intendencia, el teniente coronel Francisco de Suero, el alférez Manuel Clos, Laureano José Maldonado, oficial de dicha Secretaría, el alcalde de Naturales, Domingo Vázquez, entre “otros varios indios”, informó dicha autoridad. La ciudad de Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540 por el teniente gobernador Garci Manuel de Carbajal.

En su informe, Antonio Álvarez y Jiménez también dejó registrado que, ahí, en la cima del Misti, tuvieron que volver a colocar en su sitio la cruz que encontraron caída por acción del clima, aquella que “había mandado subir el Ilustrísimo Obispo de esta Diócesis Fray Miguel Pamplona en 22 de Julio del año pasado de 1784”.

A continuación, se comparte la transcripción del informe de Antonio Álvarez y Jiménez, en el que se lee que los exploradores descendieron de noche, lanzando fuegos artificiales desde la cima y paredes del Misti, espectáculo que la población pudo ver desde lejos. Además, mencionó que los exploradores “desde dicha cima reconocieron todos los elevados cerros, hasta el de Ilimani, que está en los Andes cerca de la ciudad de la Paz, y la Mar”.

Va la transcripción:

“Lo primero fue calcular la circunferencia de la cima, o boca, que por no tener visual no pudo medirse y si se conceptuó tendría tres leguas en figura de círculo: los farallones que la forman son rectos, y de diversos colores, amarillo, pardo, aurora y blanco, segua la cavidad de las piedras, y donde más o menos reverberaban las llamas de cuando ardía”.

“Desde la hora en que se presentaron en la cima comenzaron a hacer señas con mantas que enarbolaban los indios alternativamente, y el resto de ellos se ocuparon en levantar una cruz de fierro que se halló caída, que había mandado subir el Ilustrísimo Obispo de esta Diócesis Fray Miguel Pamplona en 22 de Julio del año pasado de 1784, la cual se clavó nuevamente afianzándola con piedras para su mayor subsistencia, y para que los crecidos vientos no la volteasen. Tiene de altura dicha cruz tres varas y de brazos una y media, con el peso poco más o menos de cuarenta libras, es bien labrada y en forma de bandera del mismo fierro representa bajo de dichos brazos el escudo carmelitano”.

“Desde dicha cima reconocieron todos los elevados cerros, hasta él de Ilimani, que está en los Andes cerca de la ciudad de la Paz, y la Mar: asegurando que las demás montañas y cordilleras distantes veinticinco á treinta leguas se ven planas, haciendo horizonte por todas partes. Y concluidas estíos observaciones se demarcó la ciudad de Arequipa al sudueste, Chiguata al sur, las Salinas al de sueste y el volcán de Ubinas al este”.

“El temperamento que experimentaron en toda la tarde fue más cálido que frío: el viento suave pero grueso y desagradable: la sofocación, sin embargo, de no hacer ejercicio, era notable pues aun recostándose se experimentaba lo mismo: todos sentían dolor y desvanecimiento en la cabeza. Los indios eran los más desdichados y tímidos, no atreviéndose ni aun a levantar la cabeza a ver el boquerón, por el terror pánico que desde sus antepasados tienen al cerro”.

“Mantuvieronse en la cima los que subieron desde las tres y once minutos de la tarde hasta las siete y veinte de la noche, y para dejarse ver desde la ciudad, no menos que de este pueblo encendieren la hoguera a la misma hora en que fue visto, y arrojaron los fuegos artificiales que con intermediación de tres a cuatro minutos se disparaban, hasta que con el último que echaron a las siete y veinte, resolvieron descender compelidos no del viento que siempre fue el mismo, sino del intolerable frío que desde la entrada del sol les acometió en tanto extremo que aun arrimados á la hoguera no encontraban arbitrio que pudiera modificarlo”.

“Así concluyeron la bajada hasta el Real a las ocho y diez y ocho minutos de la misma noche sin novedad alguna, y solo sí mortificados del polvo que de la ceniza levantaban al impulso de la bajada, el que era tan denso que embarazaba la vista del uno al otro compañero, con ir enlazados, sintiéndose bastantemente doloridos de las piernas”. Firma: Antonio Álvarez y Jiménez, gobernador intendente de la provincia de Arequipa.

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