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En 1869 diplomático y escritor peruano publicó su libro «La Semana Santa en Roma»

Por Ítalo Sifuentes Alemán

El diplomático y escritor José Dávila Condemarín (Trujillo, 1799 – Lima, 1882) fue ministro de Relaciones Exteriores y rector de la Universidad de San Marcos. En 1869 ocupaba el cargo de director de Correos, y ese año publicó un libro de 72 páginas titulado LA SEMANA SANTA EN ROMA, obra en la que informa que: “En 1831, siendo ministro de Gobierno el sabio y respetable señor Dr. Carlos Pedemonte, y yo su oficial primero, con aquella dulzura y amenidad que le eran familiares, me contaba las maravillas que vio en Roma en el viaje que hizo en 1820. Recordaba con admiración la magnificencia del templo de San Pedro en el Vaticano: su hermosa cúpula, a la cual decía subió hasta la bola, y la sorprendente iluminación que en ella se hace el Domingo de Pascua de Resurrección y el día de San Pedro”.

El clérigo Carlos Pedemonte y Talavera, efectivamente viajó a Roma en 1820, y en 1823 fue diputado y presidente del primer Congreso Constituyente del Perú (en el periodo de abril a junio de ese año).  Nació en Pisco el 16 de octubre de 1774, falleció en Lima en setiembre de 1831. Hasta un mes antes había sido ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del presidente Agustín Gamarra. Su vida política había empezado casi una década antes, cuando desempeñó el cargo de diputado en representación de la jurisdicción de Tarma (fue del 20 de setiembre de 1822 al 10 de marzo de 1825).

En 1820, Carlos Pedemonte y Talavera estuvo en Roma, luego de pasar en 1819 por Madrid y Cádiz, por encargo del virrey Joaquín de la Pezuela.  

En 1859, a Roma viajó el diplomático y escritor José Dávila Condemarín, quien en su obra manifiesta lo siguiente: “comencé a formar idea de lo que debían ser las funciones de Semana Santa, y la fui alimentando con la lectura de algunos folletos y con las relaciones que otros me hacían; mas siempre encontraba un vacío y escrupulizaba sobre la exactitud de algunas descripciones. Tuve ocasión en 1859, en que me hallé en Roma, de convencerme por mí mismo, de que lejos de haber exageración, a muchas cosas no se les daba la importancia que merecían. El carácter que investía yo de Encargado de Negocios del Perú en la Corte de Turín y varias relaciones estimables que adquirí en Europa, me facilitaron concurrir a las funciones religiosas del Vaticano, visitar y ver los establecimientos y adquirir datos ciertos, sobre todo. Tuve también entonces el honor de que Su Santidad el Papa Pio IX me concediera dos audiencias, y de que me tratase no solo con la benignidad que acostumbraba con todos, sino con una distinción que ni yo esperaba, ni merecía. Le presenté el 29 de abril, como primicias del progreso de la educación del bello sexo en Lima, un cuadro grande, bordado con seda a punto de marca, por las señoritas Saco y Salazar, en el colegio que dirigía la señora Julia Isabel Castañeda de Villamil, cuyo cuadro contenía el retrato de Su Santidad, dedicado al Excmo. Señor Presidente de la República Gran Mariscal Ramón Castilla, quien me lo había obsequiado. El Santo Padre aceptó con particulares muestras de agrado el cuadro y con su acostumbrada amabilidad me dijo que lo conservaría en su Cámara”.

Nota aparte: Julia Isabel Castañeda de Villamil fue pionera en la fundación de colegios. En Barrios Altos, fundó el Colegio del Corazón de Jesús y, en Santa Beatriz, el Centro Educativo Montessori.

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