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Se pidió al boticario Espíritu Santo Romero mostrar los «extractos, polvos, ungüentos, espíritus, resinas y raíces» que vendía al público en el centro de Lima
Por Ítalo Sifuentes Alemán
El 2 de mayo de 1825, a través de una disposición de la oficina del Protomédico General de la República del Perú, se realizó en Lima una inspección a la concurrida Botica de la esquina de Coca, ello para confirmar la cantidad y calidad de los productos que vendía para la salud. En el documento se indicó que se trataba de una diligencia para evitar “se vendan medicamentos corrompidos o perjudiciales y se examinen los títulos de los mescoleros que los administran”.
La última visita a las farmacias se había realizado en 1823, es decir, un año antes de las batallas de Junín y Ayacucho, en las que los patriotas triunfaron y sellaron la libertad Perú y los países sudamericanos.
Espíritu Santo Romero era el arrendatario de la Botica de la esquina de Coca, calle que es la cuarta cuadra del jirón Carabaya, en el centro de Lima.
En el informe de la visita realizada, en 1825, por el personal de la máxima institución médica en territorio peruano, se lee que “se puso de manifiesto la farmacopea, el granutario y demás utensilios necesarios para las respectivas valoraciones, como también su título y reconocido todo se encontró arreglado corriente y de buen servicio, se pidieron varias confecciones, extractos, polvos, ungüentos, espíritus, resinas, raíces, etc., y reconocido todo por los señores se encontró todo bien elaborado”.
