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La contribución de Tacama en 1834-1839 con botijas de pisco para la obra del Convento San Agustín en Ica

Investigación Ítalo Sifuentes Alemán

Un revelador manuscrito custodiado en el Archivo Arzobispal de Lima demuestra que, transcurrido el tercer siglo de la llegada de los españoles y con ellos la uva al imperio incaico, en el Perú las primeras haciendas vitivinícolas estaban completamente productivas y que sus cotizados vinos y aguardientes eran productos también utilizados para ayudar la labor de los frailes del Convento San Agustín de Ica.  

Tal es el caso de la viña Tacama, la misma que figura en dicho manuscrito, elaborado durante la gestión de fray Jorge Benavente, arzobispo de Lima de 1834 a 1839. El manuscrito constituye la constancia documental de la continuidad de la producción de vino y pisco de dicha viña a lo largo de los años, la cual se encuentra vigente.

Fundada en el valle de Ica en 1540, Tacama en 1624 ya contaba con una capellanía y, en 1625, entre sus propiedades con “casa, lagar y bodega” y “26 mil plantas de viña”, ello según el manuscrito del contrato firmado por los hacendados iqueños Pedro Fernández de Córdova y doña Catalina Sánchez de Herrera, con el capellán García Galeano, vicario y juez eclesiástico de la villa de Ica. Este manuscrito se encuentra custodiado por el Archivo General de la Nación.

Respecto al documento del Archivo Arzobispal de Lima que se remonta a los años 1834-1839, se trata de una comunicación dirigida al arzobispo de Lima, Jorge Benavente, por el prior del convento de San Agustín de Ica, fray Juan Fajardo.

En esa comunicación, la autoridad agustiniana expone a dicho arzobispo la carencia de rentas que atravesaba para el socorro mensual de los frailes pertenecientes al mencionado convento, ante lo cual informó haber recibido el siguiente ofrecimiento: “El hacendado de Tacama se está preparando desde ahora para el mes de octubre y de cumplir su canon ha de pagar en botijas de aguardiente”.

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