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Por Ítalo Sifuentes Alemán
Transcurrida la proclamación de la independencia nacional y los respectivos actos ceremoniales, que tuvieron lugar el sábado y domingo 28 y 29 de julio de 1821, la prensa peruana publicó el miércoles 1 de agosto cómo estos se desarrollaron, las autoridades que participaron, los personajes que asistieron, la reacción de los pobladores, la descripción del ambiente en las calles, los elementos que utilizaron, así como una diversidad de informaciones hoy en día poco difundidas. La noticia ese día fue publicada en tres páginas de la Gaceta de Lima Independiente, a cargo del editor Manuel Peña, de la Imprenta de los Huérfanos de Bernardino Ruiz.
Se comparte la transcripción de la información de esos históricos hechos, información publicada el 1 de agosto de 1821 en la Gaceta de Lima Independiente:
“Proclamación y juramento de la Independencia. Desde la aclamación pública del 15 de julio anunciada en la Gaceta número 1, la cual subscribieron el mismo día, y han continuado suscribiendo en los posteriores las primeras y más distinguidas personas de este vecindario, quedaron los votos de esta capital uniformados con la voluntad general de los pueblos libres del Perú. Nadie hubo que no ansiase desde entonces por el momento de consolidar la base de la independencia del modo más solemne y extraordinario, cual correspondía a un pueblo soberano en el acto de recuperar el goce de los derechos imprescriptibles de su libertad civil.
Destinose al efecto la mañana del 28 de este mes, y ordenado todo por el Excmо. Ayuntamiento, conforme a las disposiciones de S. E. el Señor General en Jefe don José de San Martín, salió este de Palacio a la plaza mayor, junto con el Excmo. Señor teniente general marqués de Montemira, gobernador político y militar, y acompañándole el E.M. y demás generales del Ejército Libertador. Precedía una lúcida y numerosa comitiva compuesta de la Universidad de San Marcos con sus cuatro colegios: los prelados de las casas religiosas, los jefes militares, algunos oidores, y mucha parte de la principal nobleza con el Excmo Ayuntamiento: todos en briosos caballos ricamente enjaezados. Marchaba por detrás la guardia de caballería y la de alabarderos de Lima: los húsares que forman la escolta del Excmo. Señor General en jefe: el batallón número ocho con las banderas de Buenos Aires y de Chile, y la artillería con sus cañones respectivos. En un espacioso tablado aseadamente prevenido en medio de la plaza mayor (lo mismo que en las demás de la ciudad) S. E. el General en jefe enarboló el pendón en que está el nuevo escudo de armas de esta (*) recibiéndole de mano del Señor Gobernador que le llevaba desde palacio, y acallado el alborozo del inmenso concurso, pronunció estas palabras que permanecerán esculpidas en el corazón de todo peruano eternamente:
EL PERÚ ES DESDE ESTE MOMENTO LIBRE E INDEPENDENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS, Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE.
Batiendo después el pendón, y en el tono de un corazón anegado en el placer puro y celestial que solo puede sentir un ser benéfico, repetía mucha veces: VIVA LA PATRIA, VIVA LA LIBERTAD, VIVA LA INDEPENDENCIA, expresiones que como eco festivo resonaron en toda la plaza, entre el estrépito de los cañones, el repique de todas las campanas de la ciudad, y las efusiones de alborozo universal, que se manifestaba de diversas maneras, y especialmente con arrojar desde el tablado y los balcones, no solo medallas de plata con inscripciones que perpetúen la memoria de este día (**) sino también toda especie de monedas pródigamente derramadas por muchos vecinos y señoras, en que se distinguió el ilustre Colegio de Abogados (*** ).
En seguida procedió el acompañamiento por las calles públicas, repitiendo en cada una de las plazas el mismo acto con la misma ceremonia y demás circunstancias, hasta volver a la Plaza mayor en donde le esperaba el inmortal e intrépido Lord Cochrane en una de las galerías del palacio, y allí terminó. Mas no cesaron las aclamaciones generales ni el empeño de significar cada cual el íntimo regocijo que no podía contener dentro del pecho.
Manifestó este con especialidad el Excmo. Ayuntamiento, disponiendo en las salas capitulares un magnífico y exquisito Desert la noche de aquel día. La asistencia de cuantos intervinieron en la proclamación de la mañana; el concurso numeroso de los principales vecinos, la gala de las señoras: la música, el baile, sobre todo la presencia de nuestro Libertador, que se dejó ver allí mezclado entre todos con aquella popularidad franca y afable con que sabe cautivar los corazones. Todo cooperaba a hacer resaltar más y más el esplendor de una solemnidad tan gloriosa.
Al siguiente día 29, reunida en la iglesia catedral la misma distinguida concurrencia entre un numeroso gentío de todas clases, y con asistencia del Excmo. e Illmo. Señor Arzobispo entonó la música del Te Deum, y celebrose una misa solemne en acción de gracias, y en ella pronunció la correspondiente oración el P. Lector, fray Jorge Bastante, franciscano.
Concluido este deber religioso, cada individuo de las corporaciones así eclesiásticas como civiles en sus respectivos departamentos prestaron a Dios y a la patria el debido juramento de sostener y defender con su opinión, persona y propiedades la INDEPENDENCIA DEL PERÚ del gobierno español y de cualquiera otra dominación extranjera, con lo cual finalizó este primer acto de ciudadanos libres cuya dignidad hemos recuperado.
Por último, para complemento de tan extraordinaria solemnidad, S. E. el Señor General en Jefe dio una liberal muestra de su justa satisfacción, y de su afecto a esta capital, haciendo que todos los vecinos y señoras concurriesen aquella noche al palacio en donde se repitieron, si no es que superaron, junto con la esplendides del refresco, los mismos regocijos que la noche anterior en el cabildo. Aquí sería de desear que pudiese describirse la magnificencia de esta y de las demás funciones, como igualmente la costosa decoración de caprichosas iluminaciones, jeroglíficos, inscripciones, arcos (*), banderas, tapicerías y otras mil invenciones con que en tales casos se ostenta el público regocijo, y en las cuales compitió a porfía este vecindario. Baste decir que todos y cada cual se excedieron a sí mismos, hallando el interés del bien común recursos, en donde las exorbitantes exacciones del extinguido gobierno y la ruina de las propiedades parecía no haber dejado ni medios para la precisa subsistencia. ¡Tanto distan del obsequio tributado involuntariamente al despotismo las espontaneas efusiones de alegría en un pueblo entusiasmado por la posesión de una felicidad inexplicable!
(*) Es un sol que se eleva por el oriente sobre los cerros extendidos a lo largo de la ciudad y el Rimac que baña sus faldas, el cual escudo orlado de laurel ocupa el medio de la bandera que se divide en cuatro ángulos, dos agudos encarnados, y dos obtusos blancos.
(**) Se representa en ellas por el anverso un sol con esta letra alrededor: LIMA LIBRE JURÓ SU INDEPENDENCIA EN 28 DE JULIO DE 1821, y por el reverso un laurel de que está circundada esta inscripción: BAJO LA PROTECCIÓN DEL EJÉRCITO LIBERTADOR DEL PERÚ MANDADO POR SAN MARTÍN.
