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Hazaña de la aviación fue lograda el 31 de agosto de 1925. Anteriormente, el aviador italiano Enrique Rolando Zanelli lo había hecho en 5 horas y 45 minutos.
El aviador y militar peruano Alejandro Velasco Astete logró unir Cusco con Puno el 28 de setiembre de ese año, día en que falleció en esa región sureña al caer con su aparato S. V. A. de 200 caballos de fuerza. Tenía 28 años.
Por Ítalo Sifuentes Alemán
En 1925, el 31 de agosto, el aviador y militar peruano Alejandro Velasco Astete logró volar de Lima a Cusco en cuatro horas y 30 minutos (el aviador italiano Enrique Rolando Zanelli lo había hecho en 5 horas y 45 minutos). El primero obtuvo el premio de dos mil libras peruanas por ser el primer peruano en unir ambos puntos geográficos, al segundo le entregaron mil libras libras peruanas por haber sido el primer extranjero en lograr esa proeza de la aviación. El peruano también unió Cusco con Puno el 28 de setiembre de ese año, día en el que, en la altiplanicie, perdió la vida al repentinamente caer con su aparato S. V. A. de 200 caballos de fuerza. Tenía 28 años.
Se comparte a continuación parte del texto que, ese mismo año, la revista El Perú publicó como parte del homenaje que los medios de comunicación le rindieron:
“Revista El Perú.- El día 31 de agosto el aviador peruano subteniente Alejandro Velasco Astete, lleva a feliz término el difícil y arriesgado vuelo de Lima – Cuzco. En este raid, en el cual empleó cuatro horas y 30 minutos, batió el récord, mejorando en una hora y ocho minutos el tiempo que empleó el famoso aviador italiano Enrique Rolando Zanelli (5 horas y 45 minutos), cuando efectuó el mismo recorrido y que lo colmó de fama, tanto en Sudamérica como en Europa, ganando así el premio de 1.000 libras peruanas de oro que se había ofrecido al primer piloto extranjero que llevara a cabo el raid Lima a Cuzco.
Por su parte, el sub teniente Velasco se ha adjudicado el premio de 2,000 libras asignado para el primer piloto nacional que efectuara este raid. Durante su arriesgada empresa hubo de volar durante mucho tiempo, sobre las nevadas cumbres de los Andes y a una altura de más de 5,000 metros en un aparato S. V. A. de 200 caballos de fuerza. Este raid es tanto más meritorio si se tiene en cuenta que el avión solo disponía de gasolina p<. T iticaca, a cuya ciudad llegó el 28 de septiem bre. D espués d e h ab e r ejecutado las m ás herm osas v arriesg ad as evoluciones sobre dicha capital v en el m om ento de a te rriz a r ara seis horas de vuelo, el cual en su mayor parte de recorrido se efectuó sobre las montañas andinas, de manera que la más leve desviación de su ruta hubiera ocasionado la caída sobre las abruptas cadenas de los Andes.
Después de una corta permanencia de varios días en el Cuzco, su ciudad natal, en la cual el aviador Velasco fue recibido con el mayor entusiasmo, tributándosele los más honrosos homenajes, emprendió un nuevo vuelo hacia la ciudad de Puno, que se encuentra al sur de la República y a orillas del Lago Titicaca, a cuya ciudad llegó el 28 de septiembre. Después de haber ejecutado las más hermosas y arriesgadas evoluciones sobre dicha capital y en el momento de aterrizar chocó el avión contra un muro, destrozándose el aparato y muriendo instantáneamente el bravo militar peruano.
El intrépido aviador pagó así con su vida una de las más grandes apoteosis de la aviación americana, uniendo su nombre al número de héroes con que cuenta la historia patria.
Con la desgracia ocurrida al subteniente Velasco, pierde el Perú a uno de los ases de la aviación nacional, y a un pundonoroso miembro de nuestro Instituto Armado, quien tenía delante de sí el más brillante porvenir”.
