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Perú donó a España una bandera de guerra con los nombres de Grau y Bolognesi

En 1948, el 17 de febrero, el embajador de Perú en España, Raúl Porras Barrenechea, donó en Madrid al Museo del Ejército de ese país una bandera de guerra de Perú en la que “simbólicamente están inscritos entre sus pliegues los nombres de Bolognesi y de Grau”, manifestó ese día durante su discurso oficial ante las autoriddaes de ese país. Se comparte acá esas y otras sentidas palabras del reconocido historiador nacido en Pisco, Ica

Investigación Ítalo Sifuentes Alemán

“Esta bandera bicolor ha flameado durante más de cien años sobre una república inquieta y en formación, ha sido creada en luchas y revueltas intestinas, por la pólvora montonera de las insurrecciones; ha ondeado, sobre nuestros templos y nuestras universidades, o en el asta de nuestros barcos defendiendo la soberanía nacional, o llevando la civilización y el Evangelio en la canoa misionera a la selva amazónica; pero simbolizando siempre, a pesar de adversidades y de infortunios el impulso civilizador del Perú. Junto a ella, como antes junto a la Cruz y al pendón de Castilla, han surgido siempre el camino y el sembrío, la escuela y el hospital, el templo y la biblioteca… No es posible silenciar el heroísmo de quienes murieron por defender nuestro legado espiritual y la integridad de la patria, al pie de esta bandera. Simbólicamente están inscritos entre sus pliegues los nombres de Bolognesi y de Grau. De Miguel Grau, el marino sin tacha que supo, como sus hermanos de Trafalgar, combatir contra fuerzas mayores, y dar cara al infortunio, cumpliendo siempre su destino caballeresco de perder con honra y de vencer sin odio; y de Francisco Bolognesi que, en su reducto de Arica, arrinconado entre el mar y el desierto, en el pedestal de un morro solitario, prefirió morir quemando el último cartucho antes que rendirse al adversario, superior en armas y efectivos, como un viejo retoño del indomable arresto de sacrificio y de hombría de los defensores ibéricos de Sagunto o de Numancia, de Gerona o de Zaragoza. Quede en este Museo, regido por un benemérito general español que es para honra nuestra general del ejército del Perú, nuestra bandera histórica, pero ella seguirá siendo, afuera, regazo de ilusiones y de esperanzas. El Perú renueva ante ella su fe en los destinos del mundo hispánico, su vocación histórica de afirmar el legado ético de la hispanidad en las costumbres, en el arte y en el alma de sus ciudades y particularmente el voto de mantener incólume el idealismo jurídico de su política internacional”.

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