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“Hice beber una copa de pisco, aguardiente del Perú, que llevo siempre en viaje, y que para mí viene a ser una especie de bálsamo”, informó el historiador y cónsul de España Adolfo Rivadeneyra (1841-1882) en su obra Viaje al interior de Persia, publicada en 1880, en plena guerra con Chile
Investigación y texto: Ítalo Sifuentes Alemán
Adolfo Rivadeneyra (1841-1882), cónsul de España y socio de la Academia de la Historia de ese país europeo, inició un recorrido por el territorio persa en 1874. En 1880, en Madrid, publicó Viaje al interior de Persia, obra en la que se lee:
“De Teherán a Hamadan. De regreso a mi tienda, que por cierto no era la del jefe, pues Assad, aunque árabe, es chiita, y, por lo tanto, poco hospitalario, distribuí porción de medicamentos que me pidieron al saber que había dado quinina al jeque. A uno que padecía del estómago le hice beber una copa de pisco, aguardiente del Perú, que llevo siempre en viaje, y que para mí viene a ser una especie de bálsamo de Fierabrás. No queriendo faltar a sabiendas, dije que el pisco era bebida prohibida a los mahometanos; pero, al punto citaron los versículos del Alcorán, en virtud de los cuales, en caso de necesidad, pueden tomarse cosas prohibidas y Dios será indulgente, y tan indulgente como que, al amparo de la bondad divina, puede uno casarse hasta con su propia madre y sus propias hijas (capítulo IV, versículo 27). Tomó el paciente el pisco, y a poco se encontró tan aliviado, que, propalándose la maravillosa cura, mandóme pedir Assad un poco de la extraordinaria bebida; no pude negarla, pero renuncié a ser curandero, temeroso de que faltasen medicinas al necesitarla”.
