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Ministro de Guerra de ese país respondió que prefería el envío de 300 mil pesos para utilizarlos en ese propósito. Ministro Hipólito Unanue fue comunicado
Por Ítalo Sifuentes Alemán
Tras la independencia definitiva conseguida el 9 de diciembre de 1824 en la batalla de Ayacucho, al año siguiente el Perú se dispuso ayudar a Chile para que logre el mismo objetivo venciendo a los remanentes españoles ubicados en Chiloé, islas localizadas en el extremo sur del vecino país, territorio que durante el virreinato peruano se mantuvo bajo la dependencia administrativa y militar de Lima. Se trata de un capítulo casi desconocido en la historia de ayuda mutua entre Perú y Chile en favor de la libertad de sus pobladores. En Chiloé, los soldados de la monarquía española se atrincheraron desde 1820 buscando revertir la incipiente independencia chilena, alcanzada en 1818. Desde Chiloé buscaban tomar Valparaíso y, desde ahí, controlar el resto del territorio.
En 1824, el 9 de diciembre, el Perú con ayuda de tropas extranjeras había derrotado en la batalla de Ayacucho a los defensores del imperio español. Ocho meses después, el 31 de agosto de 1825, el ministro de “Guerra de Chile”, Juan de Dios Vial del Río, escribió al Perú pidiendo se proporcione a su país la suma de 300 mil pesos, presupuesto que sería utilizado para terminar de expulsar a los españoles acantonados en Chiloé.
El ministro de Guerra de Chile, Juan de Dios Vial del Río, también pidió que del Callao retorne a Valparaíso el vicealmirante Manuel Blanco Encalada, quien se encontraba protegiendo el principal puerto sudamericano ante la posibilidad de una agresión de los realistas en las costas sudamericanas. Ese año, el cargo de Director Supremo de Chile lo ocupaba Ramón Freire, quien luego de varios valientes intentos al fin, el 19 de enero de 1826, logró la rendición de los españoles y, con ello, la ansiada independencia total de los chilenos.
Para ayudar a Chile en su objetivo, el Perú ofreció enviar tropas y embarcaciones a lo que el militar chileno Vial del Río respondió en una carta: “¿Cómo podrá S.E. realizar el interesante proyecto de repetir una expedición a Chiloé? Según los cálculos más prudentes, se necesitan indefectiblemente 300 mil pesos para sus costos. En tal conflicto el único arbitrio que se le presenta para llenar esta necesidad es solicitar de ese ‘Exmo. Gobierno’ le facilite esa suma, que obtenida será abonada por el erario de Chile en parte de pago del empréstito que hizo a esa república. En lugar de los auxilios de fuerzas marítimas y terrestres que se ofrecen, solo quiere y necesita este urgente de numerario, para el que no encuentra absolutamente recursos en este país. En el momento que lo consiga protesta realizar la deseada expedición sobre Chiloé”.
Rendido el bastión español en Chiloé, el 22 de enero de 1826 oficialmente pasó esta isla a ser parte de los territorios del vecino país. El gobierno peruano había sido invitado a participar en la toma de la guarnición española en Chiloé, ello por órdenes del gobierno chileno a través del ministro Juan de Dios Vial del Río, quien mantuvo comunicación con Hipólito Unanue, ministro de Relaciones Exteriores del Perú.
A continuación, la carta que el 31 de agosto de 1825 envió el ministro Vial del Río al ministro Hipólito Unanue pidiendo al Perú se proporcione a su país 300 mil pesos para terminar de expulsar a los españoles acantonados en Chiloé. Esta es la misiva:
“Al señor ministro de Relaciones Exteriores de la República del Perú. He tenido la honra de recibir la nota de V.S. de 3 de julio último que, de orden de su Excelentísimo Consejo de Gobierno de esa república, hace presente a este la urgente necesidad que hay en el día de expedicionar sobre Chiloé, y lo invita a realizarlo, ofreciendo para ellos auxilios de fuerzas marítimas y terrestres. Habiendo instruido a S.E. el Supremo Director del Contenido de esta nota, me previene conteste a V.S. en los términos siguientes: Aún antes de preverse los nuevos peligros en que se ve hoy la América del Sur de ser perturbada en el goce de su libertad, por la ambición extranjera, ya S.E. estaba convencido de la imperiosa necesidad de ocupar el Archipiélago de Chiloé, por razones tan poderosas que no se ocultan al genio menos perspicaz, y que por tanto es inútil manifestar. Consecuente a esta convicción, emprendió en el año del 23 una respetable expedición que desgraciadamente no tuvo el éxito que se esperaba, porque accidentes inevitables hicieron que su salida fuera en fines de verano y que arribase al archipiélago a tiempo en que se siguieron inmediatamente las más furiosas tempestades propias de aquel riguroso clima, y que obligaron al fin a abandonar la empresa, después de tener casi todo el país ocupado. Sin embargo, S.E. el Director Supremo jamás ha desistido de su constante empeño de arrojar al enemigo de Chiloé, y sin duda en el año (¿?) o en el actual habría repetido sus esfuerzos para emprender una expedición, si la falta absoluta de numerario no hubiera frustrado enteramente sus designios. En estos dos años han sido y son actualmente los apuros de nuestro erario que no alcanza a cubrir ni aún los indispensables gastos ordinarios. La obstrucción de los negocios mercantiles que se experimenta, y la enorme suma anual que paga en Londres por los intereses, amortización y agencia del empréstito de cinco millones de pesos que se encontró en dicha Corte, con inclusión de aquellos que debía haber satisfecho esa República por la considerable parte que se le franqueó de este mismo empréstito, lo tienen resumido casi a un estado de nulidad”.
Más información histórica en el libro Historias ocultas, de Revuelta Editores.
