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Azángaro la capital de los incas de 1880 a 1883: habla el tío de Jorge Basadre

La historia del sucesor de Túpac Amaru II, su sobrino Andrés Túpac Amaru, quien, al establecer su residencia en Azángaro, convirtió esa ciudad, de 1780 a 1783, en la capital de la resistencia de los incas. Desde ahí gobernó Carabaya, Huancané, Caupolicán (Apolobamba), Larecaja, Muñecas y Omasuyos.

Por Ítalo Sifuentes Alemán

El escritor tacneño Modesto Basadre Chocano (1816-1903) es tío abuelo del historiador tacneño Jorge Basadre Grohmann (1903-1980). Fue subprefecto de Azángaro. Escribió el artículo titulado Botijlaca, lagunita (boca de botija) ubicada en esa provincia de Puno (a 3.859 metros de altura). Este y otros artículos están reunidos en el libro Riquezas peruanas, colección de artículos descriptivos escritos para La Tribuna (imprenta de La Tribuna, calle de Santa (antes Polvos Azules) 16. Lima, 1884.

En el prólogo de dicho libro se lee: “Sabedores de que el señor Basadre había hecho estudios especiales en esas regiones, le pedimos su importante cooperación, suministrándonos los datos que hubiese podido reunir en sus penosas exploraciones por aquellas comarcas. Este caballero, lejos de excusarse, ha correspondido espléndidamente a nuestro pedido, redactando para La Tribuna los artículos que, después de publicados los días sábados, reunimos hoy en un volumen”.

A continuación, se presenta la historia del sucesor de Gabriel Túpac Amaru, su sobrino Andrés Túpac Amaru, quien, al establecer su residencia en Azángaro, convirtió esa ciudad, de 1780 a 1783, en la capital de la resistencia de los incas. Desde ahí gobernó Carabaya, Huancané, Caupolicán (Apolobamba), Larecaja, Muñecas y Omasuyos. Su ejército era conducido por el general Vilcapasa, natural de Azángaro. En 1783, con la promesa de ser perdonados, se entregaron a las autoridades virreinales, siendo posteriormente ejecutados. Angélica Sevilla, su esposa, sobrevivió poco tiempo.

Estos y otros hechos históricos figuran en el artículo Botijlaca, que a continuación se comparte:

“Existe una general creencia, que el grito de independencia del Perú, proclamado por Gabriel Túpac Amaru, quedó sofocado, con su prisión y muerte, acaecida esta en mayo de 1781, en la plaza grande del Cuzco; este es un error histórico, que es preciso desvanecer, y son muy pocos los que se han cuidado de rebuscar los archivos, reunir los datos precisos, y restablecer los hechos reales y verdaderos.

Vamos a hacer conocer a nuestros lectores la heroica y tenaz resistencia, que durante tres años sostuvo en Azángaro, Andrés Tupac Amaru, sobrino de Gabriel, heredero de sus títulos y derechos, ayudado por su ínclito general Vilcapasa, natural de Azángaro; y como desde ese centro del Gobierno se dirigieron expediciones, con más o menos felices resultados, a puntos desde Potosí al sur, a la provincia de Huarochirí, departamento de Lima, al norte. He aquí a Azángaro, residencia de Andrés Tupac Amaru, convertida en capital del imperio inca desde 1780 a 1783; es decir, por el largo espacio de tres años.

En noviembre 4 de 1780, era corregidor de Tinta un español, don Antonio Arriaga; y cura de Tungasuca, un clérigo cuzqueño, don Carlos Díaz. Arriaga, como corregidor, había hecho grandes repartimientos a la indiada; y al verificar los cobros había cometido criminales tropelías y exacciones sobre esas víctimas de su insaciable avaricia. Estos repartimientos, eran gracias concedidas por el rey de España a ciertos favoritos de su corte; y los agraciados distribuían mercancías de corto valor a los indígenas de su corregimiento, recargándoles en los precios del modo más exorbitantes sin que las víctimas pudiesen reclamar ni contra la distribución de especies, que no necesitaban, ni contra la exorbitancia de los precios, que se les exigían”.

“Fueron ejecutados su esposa Micaela Bastidas, sus hijos Dámaso e Hipólito, sus cuñados Antonio y Miguel Bastidas y diez otros jefes o consejeros suyos. Diego Cristóbal Tupac Amaru y Mariano Tupac Amaru, hermano el primero e hijo el segundo de Gabriel, fueron embarcados para España y ejecutados en alta mar. De toda esa familia, sólo se salvó Andrés, hijo legítimo del vizcaíno Nicolás Mendigurri y de Felipa, hermana de Gabriel Tupac Amaru. Este Andrés en noviembre de 1780 fue mandado por su tío a Azángaro, con el indio Vilcapasa, estudiante que había sido en el Cuzco, y natural de Azángaro, para formar allí tropas, y sostener la causa de la independencia.

Andrés, en 1780, tenía poco más de diez y ocho años de edad, era gallardo mozo, muy aprovechado en sus estudios y especial favorito de su tío Gabriel. Los bienes de fortuna de que gozaba su familia, y su clase de noble indio, le habían permitido entrar a los colegios del Cuzco, donde se educaba la juventud noble y acomodada de esa ciudad.

Vilcapasa, como he dicho, era natural de Azángaro, donde aún existen descendientes de sus relacionados. Según tradición local, Vilcapasa en esa época tenía como cuarenta y cinco años de edad; era alto, corpulento y había recibido una buena educación en el Cuzco. Se dice que era hábil, astuto; y en sus repetidos viajes a Azángaro, Huancané y Larecaja, había logrado inspirar cierto afecto en esas poblaciones.

A fines de noviembre de 1870 Andrés Tupac Amaru, se puso en marcha de Tungasuca, hacia las provincias del Sur, cuyo mando le encomendaba su tío Gabriel. Andrés, según es tradición llevó consigo un ejército de 20.000 indios, a las órdenes inmediatas del general Vilcapasa (algunos lo llaman Huilaca Apasa.) Esta fuerza fue engrosándose en el tránsito hasta el número de 30.000 al llegar antes de Navidad a Azángaro. Andrés en esta ciudad ocupó como casa de Gobierno, la casa grande propiedad de los caciques choquehuancas, situada casi al centro de la población. 

Andrés Túpac Amaru sostuvo su autoridad en las provincias de Azángaro, Carabaya, Huancané, Caupolican (Apolobamba), Larecaja, Muñecas y Omasuyos, hasta fines de 1783. En este tiempo los españoles se ocuparon más en hacer levantar el sitio que Tupac Catari había establecido contra La Paz, en someter las indiadas de Oruro y Puno, en poner expeditos las caminos de La Paz a Arequipa y Tacna, y en contener las invasiones, que en varias veces pretendió renovar Vilcapasa, sobre las comarcas fronterizas, que en someter a las huestes de Vilcapasa, que como ellas esperaban, y en realidad sucedió, cada día se iban disminuyendo en número, y cuyo entusiasmo decaía, igualmente, como el de todas las masas.

A fines de 1788 dos frailes dominicos de Arequipa vinieron a Santiago de Pupuja, pueblo de Azángaro, situado casi al frente de Pucara, y después de varias entrevistas con Andrés y Vilcapasa, lograron persuadir a estos que aceptasen las ofertas de perdón de la Audiencia del Cuzco, y que dispersasen su gente.

He tenido en mis manos, y leído con vivo interés, el diario de uno de esos reverendos padres: en él están consignados los argumentos de los padres para comprometer a sus víctimas; los temores de Andrés; la varonil y recelosa resistencia de Vilcapasa.

Andrés creía y aceptaba todo: Vilcapasa, recordando siempre en términos poco medidos los hechos de la conquista desde Pizarro a esa fecha, no se prestaba a nada.

El reverendo escritor asegura varias veces, que el tal Vilcapasa era Satanás en persona; y lo anatemiza como tal.

Tan pronto como Andrés y Vilcapasa llegaron al Cuzco, a pesar de las solemnes promesas de perdón y amnistía que se les hicieron, fueron apresados y ejecutados. La cabeza de Vilcapasa fue colocada sobre un poste en la Plaza del Cuzco; unos partidarios suyos la robaron y condujeron a Azángaro, donde fue enterrada en la Iglesia.

Años después, buscando en ese templo los tesoros que se sabía existían ocultos, se encontró la cabeza de Vilcapasa, metida en un cajón, y enterrada debajo del confesionario. A pesar que Vilcapasa fue sometido a tormento jamás divulgó su secreto a los Agentes de la Audiencia. Ese tesoro se halla pues oculto hasta el día de hoy.

Angélica Sevilla al saber la cruel suerte de su amado, murió de pesar: ella había contribuido con sus ruegos a la capitulación de Andrés Túpac Amaru”.

“Las grandes riquezas de Andrés Túpac Amaru y de Vilcapasa no están ocultas en los subterráneos del mismo Azángaro, sino en la lagunita de Botijlaca (boca de botija)”.

Iglesia de Azángaro, Puno.

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