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César Vallejo publicó en 1933 en California su artículo La danza, parte de su novela póstuma Hacia el reino de los Sciris

La novela completa fue publicada en 1967 por Georgette Vallejo y Francisco Moncloa

Por Ítalo Sifuentes Alemán

El 21 de enero de 1933, en La Opinión, diario de Los Ángeles (California) se publicó uno de los pasajes de la novela de César Vallejo que llevaría el título Hacia el reino de los Sciris, publicada póstumamente en 1944 (de manera incompleta, en Lima, en la revista Nuestro Tiempo), y de manera integral, en 1967, en la obra César Vallejo. Novela y cuentos completos, con el copyright de Francisco Moncloa Editores y Georgette de Vallejo.

Una investigación en la prensa de Estados Unidos, me permitió encontrar este pasaje, en cuyas líneas iniciales difiere del texto final de la novela que fue publicada con aprobación de su viuda. En la versión publicada el 21 de enero de 1933, en el diario La Opinión, el mencionado pasaje lleva por título LA DANZA, y está firmado por César Vallejo.

Es conocido que el poeta y escritor peruano en 1928 había dado por terminada Hacia el reino de los Sciris, aun cuando en 1932 continuó dándole retoques para su acabado final. Resulta revelador, entonces, encontrar este pasaje publicado en 1933 en dicho impreso de Los Ángeles, California, nada menos que once años antes que en 1944 lo hiciera la revista limeña Nuestro Tiempo.

A continuación, se presenta un extracto de este pasaje de 1933 que se encuentra reproducido en el libro Historias ocultas:

“LA DANZA, Por César Vallejo. En la mañana de aquel día de astronómicos registrados en el “Kalasasaya” el aire se enrareció de repente y todo quedó oscuro, como si la noche cayese. El “yllapa” cruzó el espacio y siguió un horrísono sacudimiento de tierra. Cayeron algunos muros y techumbres. Un anciano quedó muerto en medio de la calle. Lloraban las mujeres, y en sus brazos gemían los niños, arañando los senos maternales. Muchas esposas dieron a luz violentamente criaturas dormidas para siempre. En el Hurin-Cuzco salió una doncella enloquecida y se arrojó al río Huatanay. El terror de los quechuas no tuvo límites. Salían todos de sus viviendas a las plazas ululando de miedo y clamando el ‘‘yllapa” para que cesase en su cólera. La ciudad se conmovió en un inmenso espasmo de pavor. Hombres y mujeres, niños y ancianos, la comunidad entera estuvo reunida en la plaza de la Alegría, delante del “Coricancha”. 21 de enero de 1933, en La Opinión, diario de Los Ángeles, California.

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